Ponencia de Josefa Micaela en el marco del V Encuentro de Estudiantes de Historia del Arte y Estética de la Universidad de Chile.

I Bienal de Arte Urbano de Cochabamba: experiencias territoriales.

De pronto la descascarada pared ya no significaba que estábamos al borde de la ciudad sino más bien al centro de la posibilidad de inventar y volver a mirar aquello que habíamos aprendido a despreciar. Lo sucio del afuera, supuesto espacio aterrador sin orden ni ley. Hoy se transformaba en espacio certero, dotado de historias que articulan la vida de Cochabamba. ¿Dónde esta el barrio de Villa Coronilla? Para muchos se encuentra lejos, distancias geográficas sumergidas en imaginarios políticos que determinan que esta cerca y que es preferible dejar fuera. En una caminata de 15 minutos desde el ex-matadero nos encontramos en la plaza principal de dicha ciudad. El ex-matadero funcionó entre los años 1924 a 1992, luego fue una escuela municipal. Es en el año 2004 durante el II Conart (Concurso de Arte Contemporáneo) cuándo el proyecto mARTadero se gesta. En aquel momento se “detonaría una serie de procesos para la progresiva recuperación del sitio (…)Inmueble potencial y presuntamente patrimonial, y situado en una interesante ubicación fronteriza entre la realidad y el imaginario de ciudad consolidada y los barrios periféricos receptores de inmigración de los últimos decenios.”[1]  En el año 2005 se concede  el espacio del ex-matadero a N.A.D.A (Nodo Asociativo para el Desarrollo de las Artes) para la realización del proyecto mARTadero, que se encuentra actualmente en su fase de consolidación, siendo un espacio interdisciplinario que trabaja contextualmente en el barrio que habita.

La primera Bienal de Arte Urbano de Cochabamba inaugurada  el 23 de septiembre del 2011, se inserta en el proceso de consolidación del proyecto mARTadero. Durante dos semanas se desarrolló esta Bienal en un eje que buscaba hacer dialogar a la comunidad aledaña al proyecto con manifestaciones de arte contemporáneo, además de desestigmatizar tanto al barrio como las acciones propias del arte urbano, objetivos que se complementan con el trabajo persistente  y comprometido del mARTadero.  El desarrollo de la  bienal se establece en un proceso formativo iniciado con el Conart Process 2011—2012 donde se realizaron  clínicas y talleres de arte urbano impartidos por los colectivos “Basurama” (España)  “6EMEIA” (Brasil) y Paulina Varas (Chile) de los cuales  fueron participes 15 artistas bolivianos, que a su vez participaron  en la Bienal.

La experiencia de la BAU es un ejemplo de como el arte contemporáneo se plantea ideas de procesos creativos desde espacios de autogestión, proyectos que piensan el arte callejero como un lugar que abre “espacios donde no los había, indaga lógicas ocultas haciendo hablar al contexto, provocando un diálogo a tres bandas entre artista-lugar-peatón.[2]

Aquí el contexto es fundamental, donde se vive y  como se proyecta el mundo, en el como se crea un espacio para la ciudadanía y  los artistas bolivianos en la construcción de conocimiento desde las artes. Es en el reconocimiento del dialogo entre la calle, los artistas y los ciudadanos que se otorga  sentido a la obra, la obra existe a medida que sea vista por la transeúntes, absorbida por los porros de la ciudad, discutida, cuestiona, raptada. El arte urbano tiene la sabiduría de lo transitorio, no proclama permanecer y por eso su poder radica en el diálogo que se propone durante el proceso de ejecución tanto como en el  resultado final, transitorio por esencia como ya hemos dicho. Transitorio en como se concibe y en la potencia que adquiere o no con el paso del tiempo, su vigencia puede ser del primer impacto o de lo que devuelve cada vez con más fuerza. En las capas que contiene, en lo que se puede ir desvaneciendo o corrompiendo, otras rabias citadinas lo pueden devorar en la primera noche de sobrevivencia. El arte urbano nace para combatir noches no protegidas de su madre arte, es autónoma de sistemas convencionales pero cree en su raíz, apostando a otro soporte posible, a otras maneras de transcender.  Transcendencia en la activación de problemas no resueltos de la propia ciudad, problemáticas contingentes. Por eso, durante la BAU podíamos encontrar varias obras donde su temática estaba directamente relacionada con el conflicto de la construcción de la carretera en el El Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) y la oposición a dicha construcción que implicaba una destrucción dramática en particular al medioambiente de la zona y los grupos indígenas que ahí habitan y obviamente un cambio de estilo de vida a los grupos indígenas en post de los progresos occidentales de dudosa proyección sustentable.

Otra característica presente del uso de la urbe durante la BAU es la utilización de historias que pertenecen a  la ciudad. Es así como se recrean pedazos de historia, como por ejemplo Las heroínas de la Coronilla, mujeres que lucharon contra la corona española durante la batalla sostenida en la colina de San Sebastián, Coronilla, el 27 de mayo de 1812. O el homenaje a Domitila Chungará, mujer revolucionaria proveniente de las minas del Potosí.  En el espacio público se re-inscriben historias y personajes reconocibles, práctica conocida en la historia del arte callejero.

También la apropiación de gestos ya existentes de la ciudad es un mecanismo de articulación creativa. En este sentido lo urbano no es solo porque se crea en la urbe sino porque se usa la ciudad. El uso del espacio de afuera funcional se convierte en espacio activo. Se vuelve pregunta lo cotidiano, un gesto de demarcación que hace potenciar el soporte ciudad y en esa provocación, visualizamos la construcción de la misma. Espacios que adquieren una nueva funcionalidad, como es el caso de la bomba de bencina que funcionó como sala de proyección de video. También, la utilización de la material expuesta de los soportes de la ciudad es intervenida. Grietas, fisuras, texturas son utilizadas como base constitutiva de las obras, escarba en lo ya existente para inducir preguntas sobre la pertinencia del arte en la calle, ¿Cuál es su rol? ¿Porque usar la calle?

La calle entrega posibilidades creativas determinas, donde el ejercicio de la ejecución de la obra tiene lógicas propias. Se enfrenta a diversas condiciones que están fuera de control, nos referimos en primera instancia a las condiciones climáticas que obviamente interfieren en la ejecución de obra. Ya pasando esta obvia aclaración, pero sin duda importante en el momento del oficio, la calle entrega un límite de significados y  territorios. La calle  es portadora de diversos sentidos, la calle de cualquier ciudad ya entrega significados precisos para sus habitantes y ofrece bombardeos de información para nuevos ojos. La ciudad nunca va dejar ser ciudad. A pesar de ejemplos de eventos artísticos como Nuit Blanche, que se realiza en diversas ciudades durante una noche de intervenciones artísticas. Sin duda,  es un evento impresionante en su escala donde queda suspendida la  ciudad en su uso.  Esta intervenida en su uso,  no solo en la intervención netamente artística, sino en como los habitantes usan la ciudad durante este tiempo, en la ilusión de estar habitando un otro lugar, en la búsqueda de encontrar algo sorprendente, único. Qué logre romper nuestra habitual relación con la ciudad, la ciudad funcional ahora es la ciudad disponible al lograr la sorpresa deseada, al quebrar la funcionalidad para caer en lo celebratorio, cercano al carnaval. En esa suspensión esta la fuerza de las intervenciones, en el tiempo delimitado de la noche.

Pero la ciudad nunca deja de ser ciudad, y esa es la  potencialidad del arte urbano. La ciudad, sus habitantes e historias necesitan estar presentes para que el arte urbano tenga poder, se conecte e enriquezca diálogos con respecto al propio habitar de un barrio, una ciudad o un espacio determinado. El soporte ciudad no otorga la libertad total de creación  sino todo lo contrario, porqué tiene que interactuar con su realidad apremiante para funcionar, el dialogo permanente es vital para que la obra pueda corromper los límites que la propia ciudad le establece y experimente otras posibilidades de existir,  en el constante deseo de vivir mejor, de experimentar en lo mismo, en la apropiación de lenguajes  colonizados y colonizadores, en como entender el arte contemporáneo desde un ahí y ahora, en la situación que estamos.

Uno de los objetivos del proyecto mARTadero es la “resignificación de la ciudad y sus límites a través de distintas expresiones artísticas”[3]  siendo este un proceso que nos establece dudas constantes en el como esto es realizable y oportuno, sin dejarse caer en formulas sino comprendiendo las instancias mismas  que se viven. La primera Bienal de Arte Urbano de Cochabamba es un ejercicio colectivo desde las artes y en la articulación de espacios para preguntar nuevamente la potencia del arte.

 


[1] Fernando García “Proyecto mARTadero, vivero de las artes-un espacio ejemplar de gestión cultural” pag 48

[2] Fernando García “LA MISIÓN DEL ARTE URBANO: [TRANS]FORM-ARTE EN CUANTO HUMANO Ideas acerca de la inminente BAU,Bienal de Arte Urbano en Cochabamba”