7 miradas a la BAU
Arte  |  Comunicación  |  Crítica  |  Gestión Cultural  |  Mediación  |  Urbanística sociológica  |  Vecindad


Este artículo del proyecto mARTadero, lanzado desde la mirada del artista, es un aporte al pensamiento colectivo y progresivo y a la construcción social a través del arte.


 

LA LIBERTAD ESTÁ AFUERA DONDE LA REALIDAD SUCEDE

“La diferencia entre un cuadro y un mural, es la misma que existe entre un susurro y un grito… “
Victor Grillo

Siempre he sido de los que piensan que se construyen más cosas con pintura que con cemento y muros. Por ello, los marcamos con tags, flops, caracteres, piezas, intervenciones, producciones y murales… A veces los “legalizamos” pintándolos, y otras nos arriesgamos con misiones “transgresoras”. Nos mueve la creación y vamos buscando dónde interactuar mediante ella. Así, un día, supe yo de la BAU por internet. Muchos de los que viajamos con nuestro trabajo lo utilizamos para romper el mito de la frontera que nos divide, buscando personas y procesos afines a los nuestros en otros lugares. Es sorprendente cuántas cosas comunes tenemos para juntarnos y cuántas pequeñas diferencias nos resultan útiles para compartir. Así, todas las ciudades se hacen una sola…

Cuando descubrí el proyecto, lo primero que pensé fue “¿en Bolivia? “. Nunca habían llegado a mi noticias de sus calles… pero sé que tiene que haber arte público en donde sea que exista espacio común, pues la gente siempre busca la forma de decir y comunicar lo que siente, lo que le gusta, lo que quiere y lo que le hace falta.

Cochabamba no había de ser la excepción. Encontré así este experimento cultural callejero en un barrio obrero con una potente historia de mártires y heroínas, que hoy es un contraste a full color entre rudeza marginal y dignidad trabajadora… Un lugar así no podía ser menos que un ejemplo de resistencia desde el cual llevar a cabo la difícil pero genial tarea de construir tejido social (conocerse, organizarse y ayudarse) y patrimonio barrial (saber que esto es mío, hacerlo, quererlo, cuidarlo) trayendo personas de movidas culturales alternativas o contraculturas a trabajar al barrio. Para esto, creo yo que está siendo fundamental dar a conocer estas formas de entender el mundo y su historia, saber que van mucho más allá de decorar un espacio,  fortaleciendo procesos más que resultados, ya que los primeros nunca se acaban…

Así será más fácil para los habitantes debatir y ayudar en el proceso que les cambia la vida, porque si le cambias un espacio a alguien, le cambias esa parte de su vida… Es necesario, entonces, fomentar el intercambio de saberes y  la capacidad de sus habitantes para desarrollar una movida local autónoma -para que el tejido funcione- y para los pintores conocer a sus interlocutores, ya que la pintura es una forma de diálogo… Con alegría noto que al día de hoy hemos logrado que los vecinos se acerquen diariamente a preguntar  “-¿Cómo?”,”- ¿Para qué?”  y “-¿Cuándo me van a pintar mi fachada?” o a pedir  “¡Quiero que la pinten!”…

Quiero contarles que formo parte de la gente que eligió en la vida pintar paredes, influenciado por  dos corrientes de pensamiento y, sobre todo, formas de asumir la vida que siguen vigentes: el graffiti y el muralismo. Ambos se tomaron las calles sin permiso, en décadas anteriores, desafiando el status quo y la estructura burocrática del arte, haciéndolo popular y liberándolo de la lógica del mercado. El graffiti nos enseñó que la libertad y la realidad estaban afuera, que las calles se vivían, no sólo se recorrían; que si no había espacio se tomaba, creciendo todos los días desde la firma hasta la pintura monumental, siempre caminando en una delgada línea entre la destrucción y la creación, como un movimiento natural e irrefrenable… (si no me creen denle un rotulador a un niño y esperen).

A mí me gusta hacer parte de la calle que me tocó en suerte. Hoy la gente me aprecia por eso, aunque no siempre fue así… El muralismo -que como hoy lo conocemos viene de la revolución mexicana- convirtió la pared en escenario de reivindicación, de memoria y lucha popular. El arte dejaba de decorar o ser un símbolo de estatus, dejó de servirle a la elite y de segregar mediante el intelecto para identificarse con el ciudadano de a pie y participar de profundos cambios sociales más allá de la estética, como forma de ayudarnos unos a otros. Son un ejemplo de esto, la brigada Ramona Parra, Gonzáles Camarena , Ricardo Carpani, Siqueiros, Diego Rivera y muchos más… Hoy, estas dos corrientes se mezclan con las experiencias de cada pintor y forman un gran movimiento suramericano que pasará a la historia de la pintura con fuerza y compromiso. Decertor, Inti, Guache, Os Gemeos, Cuore, Elliot Tupac, Pol Corona, Elodio, Bastardilla, Vespa, Alapinta, Toxicómano, Steep, Entes y Pésimo, Martin Ron, Tomas Borgi, 12 Brillos, Oz Montaña y tantos, tantos otros artistas que reinterpretan las calles de Latinoamérica y sus realidades.

Me gusta pensar que ustedes y yo estamos también escribiendo esa historia…

 

Este artículo del proyecto mARTadero, lanzado desde la mirada del artista, es un aporte al pensamiento colectivo y progresivo y a la construcción social a través del arte.